17 de junio de 2016

CARTA A MI PRIMER AMOR




Querido primer amor:
Ni siquiera sé cómo empezar esta carta, se me hace raro hablarle de amor a alguien que me hizo sentirlo en su mejor y en su peor versión.
No te voy a engañar, creí que después de ti jamás volvería a volar tan alto, que ni siquiera volvería a abrir las alas para levantar cabeza. Pensé que contigo lo había vivido todo, que ya no volvería a sentirme tan bien entre los brazos de otra persona, y que ninguna piel me sabría tanto a perfección como lo hizo la tuya.
Lo sé, tan positiva como siempre.
Pero qué quieres que te diga, nadie logra pensar con claridad si tiene el corazón latiendo entre hilo y aguja, al borde de estallar en mil pedazos.
Estuvo a punto de rendirse, ¿sabes? Estuvo a punto de dejarse romper, aún sabiendo que nadie estaría allí para recoger sus partes, que tu ya no volverías para darle cuerda, ni para hacerle sentir que tenía motivos para seguir luchando.

Mi mayor equivocación siempre fue querer entenderlo todo, necesitar un motivo lógico que me explicara por qué tu estabas perdiéndote entre sus piernas, mientras a mí se me desgarraba el alma intentando olvidarte.
Dicen que el tiempo lo cura todo. Yo no sé si a mí me curó de algo, pero sí que me enseñó que el amor se rige por el caos, no por la lógica, así que hay cosas que jamás llegas a entender, simplemente tienes que aprender a vivir con ellas.
El tiempo también me enseñó que no llegas a ser verdaderamente feliz con alguien si no has aprendido a serlo tú solo antes, que después de lo bueno siempre puede venir algo mejor, que las cosas empiezan y acaban por un motivo... y que el amor de verdad, cuando te das cuenta de que estás realmente jodido en el buen sentido, es cuando te gusta tanto una persona, que incluso te irías tú de su vida, antes que dejar que cambiara algo de su forma de ser, de todo eso que le hace ser magia sin saberlo.

Espero de verdad que algún día puedas sentirte como me siento yo ahora.

Un abrazo.

9 de mayo de 2016

ESCÁPATE CONMIGO



Escápate conmigo. Lo digo enserio; ahora, aunque no lo tengas claro. Huyamos corriendo al lugar más remoto, recóndito y descuidado del planeta y montemos una casita de madera en lo alto del árbol más grande que ha habido nunca en medio de una nada. Llenémosla de velas y sábanas entre las que enredarnos. Y no me importa si aguantamos juntos dos horas, 3 días o unos meses, que nuestro mundo será tan grande como momentos hayamos vivido, y el tiempo no tendrá cabida en él. Seamos lo más etéreo, osado y vivo que ha existido. Piérdete conmigo. Creemos universos infinitos a partir de todo aquello que nos quite el aliento, las palabras, la consciencia. Todo lo que nos deje sonriendo absurda y estúpidamente por el placer que nos provoca aquello que no tiene por qué tener una explicación, ni lógica de ninguna clase.

Somos el sinsentido más grande que queda por escribir, el guión de una historia que no se ha contado y que jamás se contará, algo que quizá será lo único que tendremos, pero que sólo es nuestro.

Y si somos, en efecto, una droga, nos quedaremos extasiados en ese mundo que sólo aparece cuando estamos juntos. He intentado entrar en él sin ti un sinfín de veces, pero nunca lo encuentro.


4 de mayo de 2016

HE PERDIDO LA CUENTA




He perdido la cuenta.
He perdido la cuenta de todas las veces
que me he enredado contigo entre las sábanas
y he sentido la inevitabilidad que siempre nos trae de vuelta.

He perdido la cuenta
de las veces que te he pillado con los ojos clavados en mí
o de las veces que me has encendido
cuando yo me había dejado apagar,
de los miles de sonrisas que me has robado
y de las noches que hubiera dado el mundo para que fueran eternas
para perderme en tu piel
y no encontrar nunca la salida.

Yo he perdido la cuenta,
y aún así,
me sigues siendo tan inevitable como el primer día
aunque no estoy muy segura de cual fue el primero.

Estaba convencida
de que cada vez que te dejara entrar en mi mundo
sería como restarle números
a tus ganas de mí.

Pero aún sigues aquí.
¿Y sabes qué?
Mi mundo
no es mi mundo
si tú no estás en él.


2 de mayo de 2016

EL JUEGO DE MARGO



Margo leyó el otro día que nada toca a nada. Cuando rozamos nuestra piel con la de otra persona, por ejemplo, solo sentimos una ilusión del contacto entre nuestros átomos, pero estos, en realidad, nunca llegan a tocarse. Más bien… se repelen.
Eso le hizo pensar en Alec, al que lleva más de dos años sin ver. A Alec siempre le han gustado demasiado los juegos, hasta el punto de llegar a obsesionarse con ellos. La última vez que se despidieron le prometió que volverían a verse, pero que sería ella la que tendría que encontrarle.

Así que durante todo este tiempo Margo se ha ido encontrando, cuando menos se lo ha esperado, con alguno de sus juegos. Alec le deja pistas que la guían hasta las siguientes pistas hasta que llega al destino final, que en teoría, tendría que ser él. Pero nunca lo es. Alec siempre la lleva hasta puntos sin salida, le hace recordar cosas que ella lleva tiempo intentando olvidar porque no hacen más que agrietarle el corazón, que se aguanta entero por los pelos y con pinzas. Margo se odia por ello, pero no hay día en que no le eche de menos, o juego en el que no tenga la esperanza de encontrarlo en su pista final.

Esta vez nada es diferente.
Ha pasado tanto tiempo que ya ni siquiera sabe qué le diría si lo viera.
Seguramente primero tendría ganas de pegarle una bofetada, o un puñetazo, o mil de cada. Por ser un capullo integral. Y luego tendría ganas de matarle. De matarle a besos, de darle un abrazo de media hora y que sea tan fuerte que le junte todas sus partes rotas. Tendría ganas de pedirle que le devolviera todas las sonrisas que no le ha dado en estos dos años, que aún no ha encontrado a nadie que supere su récord. Tendría ganas de él.

Pero Alec nunca está en el final de su propio juego.



16 de febrero de 2016

QUE EL TIEMPO NOS ATRAPE




Siempre me ha dado la sensación de que nos pasamos la vida huyendo, o quizá corriendo hacia algo, Al fin y al cabo, hagamos lo que hagamos, a cada paso que damos avanzamos, sin darnos cuenta de que arrastramos una parte del pasado en la suela del zapato, y que rozamos el futuro con la palma de la mano al coger impulso para seguir corriendo. 
¿Pero sabes de qué me he dado cuenta?
De que por más que lo intentemos, por más que sigamos viviendo para construir un futuro o dejar atrás el pasado, jamás los vamos a alcanzar. No hay cosa más intangible o menos existente que el pasado y el futuro.
Dime, ¿a caso los has visto? ¿A caso no es cada momento que vives un segundo de presente?
Me pregunto por qué entonces a veces nos olvidamos de disfrutar de cada detalle de cada instante por estar distraídos con lo que pasó ayer o con cómo será mañana.
No nos damos cuenta de que, en realidad, es el tiempo el que se mueve. Y nosotros estamos quietos, viendo como corre.

Aunque, quizá, sea el tiempo aquello hacia lo que corremos. Pero creo que es evidente que va a ser él el que nos atrape a nosotros. 

Y no nosotros a él.


2 de febrero de 2016

QUERIDO CUENTO DE HADAS


cuento de hadas


Querido cuento de hadas:
Llámame tonta, pero yo nunca dejé de creer en ti. Mi madre dice que cuando era pequeña, cada día al volver del colegio, me ponía a ver la Cenicienta. La llegué a ver tantas veces que me aprendí todos los diálogos de memoria y los iba recitando en voz baja mientras la película avanzaba.
Sí, yo quería un príncipe. Y a menudo me preguntaba a mí misma sería, o si aparecería algún día siquiera. Pero no me malinterpretes, yo no quería un príncipe para que me salvara, rescatara o me hiciera feliz. No, yo solo soñaba con la magia. Quería sentir algo tan intenso que me llevara a otro mundo.

Siempre he sentido cierta debilidad por las historias, y las he perseguido casi tanto como ellas a mí.
Nunca me cansaré de escuchar las cosas que han vivido todas las personas que en algún momento han decidido contarme fragmentos de sus vidas, o cómo se enamoraron mis abuelos, o mis bisabuelos. No nos vamos a engañar, las historias de antes solían ser o parecer más bonitas, y me fascinaban todos y cada uno de sus detalles.
Una vez estaba sentada en una terracita en las fiestas del pueblo de mi abuelo, y casi me pongo a llorar al ver una pareja de ancianos avanzar hacia la pista de baile cogidos de la mano. Te juro que podías sentir su complicidad solo mirando la firmeza con la que sus manos se enlazaban. Y joder, cómo envidié la manera en que se miraban, como si estuvieran dispuestos a repetir los cincuenta años que llevaban juntos un millón de veces.
Por eso a veces fantaseo con que me cojes de la mano y me sacas a bailar en medio del salón, y que me abrazas fuerte y me susurras al oído algo que solo tú y yo sabemos, algo que solo es y será nuestro.

Antes pensaba que quería que llegaras a mi vida para tener la certeza de que se puede sentir magia si estás dispuesto a ello. Pero ahora me doy cuenta de que quiero ser yo la que te enseñe que todo esto no tiene por qué ser efímero, y que no son solo cuentos, que el mundo se equivoca.

Hace un tiempo me dijiste que ves magia en mis ojos, casi tanta como yo veo en los tuyos. Y desde aquel día quiero que tú seas mi cuento de hadas.

Pero por favor... no te acabes nunca.

14 de enero de 2016

CAÍDA CONSTANTE




Creo que me asusta destacar. 
Supongo que es porqué hubo un tiempo en que siempre lo hacía, pero no en el buen sentido, precisamente. Así que ahora me he encerrado en la normalidad, me he fundido en el enorme abismo de todos los que rehuyen la idea de expresar su caos y explotarlo al máximo, de hacer de él una identidad. Me escapo constantemente de ser el punto de mira, porque probablemente estoy convencida de que si lo soy, será como antes, será siempre para mal.
Supongo que hay muchas formas de encerrarse, de esconderse, de perderse. Es tan fácil como dejarte caer en un precipicio que nunca acaba, y sucumbir a esa sensación que te comprime el estómago y mata a las mariposas que pudiera haber dentro de él.
Sí, es muy fácil. Lo que cuesta es darte cuenta de que te has rendido y encontrar las fuerzas para salir de tu propia cárcel. Lo que cuesta es convencerte de que vale la pena hacerlo.

Ojalá la sensación fuera de flotar, y no de caída constante.


30 de diciembre de 2015

CARTA AL 2015


carta al 2015


Querido 2015,

Esta es la última carta que voy a escribir este año, y no se me ocurre mejor destinatario que tú para ello.
Sé que estamos a las puertas de tu final, que estás en un momento crítico y que debes estar asustado. Sólo te queda un mañana, pero aún tienes muchos ayeres, y es por cada uno de ellos por lo que te quería dedicar unos minutos.

Gracias. Gracias por cada hora, minuto y segundo que me has regalado, todos tan intensos y cargados de magia. Sabes que no lo digo porque todos tus momentos hayan sido buenos, porque no es así. Todo tiene sus altos y sus bajos, pero tu me has enseñado a poner a los dos en una balanza y a nunca darle más peso del que se merecen a los malos, porque los buenos siempre son más y pesan más, ellos bajan su parte de la balanza hasta el suelo para que tu salgas volando y bailes entre las nubes. 

Muchísimas gracias por cada sonrisa, por cada lágrima y dolor de cabeza, por todas las dudas y por todo lo que he aprendido de ti, aunque algunas veces haya sido a la fuerza y por las malas.

Gracias por haberme hecho valorar más las cosas y por haber mantenido a salvo un año más a las personas que habitan en mi corazón de cristal.

Gracias por haberme dejado vivir en un cuento de hadas, y por enseñarme que hay luz después del dolor.

Yo por mi parte sólo puedo decirte que no tienes porqué tener miedo; a pesar de que tus puertas se estén cerrando, las ventanas del que te sigue se abren, y tú siempre podrás asomar la cabeza a través de ellas.
Vas a estar observando y te vas a dar cuenta de que aquí todos te recuerdan,


porque un capítulo nunca se olvida mientras el libro sigue abierto.


23 de diciembre de 2015

DESORDÉNAME




Joder, cómo te echo de menos...
Tranquilo, no he perdido la cabeza, sé perfectamente que te he visto hace unas horas pero, ¿cómo le explico yo a mi piel que las dosis de paraíso hay que inyectarlas moderadamente y con sensatez? 
Ella no sabe que, si te pasas, todo se te va de las manos, y el descontrol y el caos arrasan con todo. 
Yo no puedo pedirle a mi piel, adicta sin remedio, que deje lo que siente a un lado y que empiece a pensar con lógica, esa que lo aplasta todo. Noto como te quiere ahora y te anhela en todos sus rincones; solo pide que le des eso que únicamente ha encontrado en ti. 
Yo ya no puedo controlarla, ella misma se ha dejado consumir y me va a arrastrar a mí también. Cada vez que la recorres con tus labios la dejas en un estado de erizo eterno, y hace que mi estómago se revolotee entre mariposas y que mi corazón se ponga del revés y se salga de su ciclo.

Me desordenas. Elevas mi entropía hasta la infinidad. Pero yo cada día quiero más y más.


14 de diciembre de 2015

EN LA OCTAVA DIMENSIÓN


octava dimension


Necesito un domingo.
Un domingo que dure dos semanas,
que se ralentice todo un poco,
que el tiempo se dilate,
se expanda,
me envuelva,
que se ponga en segundo plano
y me deje controlarlo,
en lugar de controlarme él a mí.

Necesito un día vacío.
Sin estímulos,
sin tic-tac,
presión,
mundo.

Necesito parar.
Pensar, o dejar de hacerlo,
fundirme en la octava dimensión,
empezar a disfrutar del camino,
que es tan indefinido
que no le veo ni el principio ni el final,
que no tiene ni forma ni contorno
y es algo sombrío
y tienes que andar siempre a tientas.

Parece que no logro sacarme de encima este peso
que me anuncia que nada se detiene
que todo avanza a velocidades vertiginosas
que te hacen sentir que estás al borde de un precipicio
y que un paso en falso
puede significar el fin.

Algunas veces,
sin embargo,
si quitas el freno del miedo
puede que descubras que sabes andar
más bien de lo que creías
y en lugar de caer en picado
resulta que tienes alas
y aprendes a volar
y a verlo todo desde otra perspectiva
porque nunca habías estado tan arriba.


Mira que puede parecer estúpido,
pero nunca habrá bifurcaciones
en un camino predefinido.

Y aún así,
me asusta perderme.


 

23 de noviembre de 2015

CARTA AL QUE AÚN NO HAS SIDO





No espero que te arrepientas de nada cuando te hayas ido, ni que sonrías en algún despistado momento del día al acordarte de mi pelo alborotado cuando me levanto.
No quiero que la tristeza se apodere de ti  si alguna vez mi risa cruza tu mente, y te hace pensar en todas las veces que dijiste que tu razón de existir era hacerme estallar en carcajadas para crear el sonido más bonito del universo.
No deseo que un martes cualquiera tengas una pesadilla en la que tú y yo ya no somos nosotros, y que haga que te despiertes a las 03:29 de la mañana llorando, pero no por lo que has soñado, sino porque la realidad es igual de mala que esa pesadilla, y ya no sabes si levantarte o volverte a dormir. Ambas opciones son un infierno.

No espero que te arrepientas de nada el día que descubras lo etéreo que era nuestro mundo, y que por más que lo intentes, jamás vas a poder volver a perderte en él. Yo tampoco, si te consuela. Perdiste la llave por cobarde. O quizá nunca quisiste tenerla, y soy yo la que se monta cuentos.

No espero que te arrepientas de nada si piensas en mí cuando recorres sus líneas y la haces sentirse, aunque sea solo por un rato, como una obra de arte al verse a través de tus ojos. Aunque no creo que la aflicción sea lo que te consuma en ese momento. Los dos sabemos que las líneas son tu perdición.
No quiero que me eches de menos. No quiero que cuando estés tumbado en el sofá te entre la necesidad de que aparezca yo y me tire encima tuyo para abrazarte y susurrarte al oído que te echaba de menos, aunque solo hacía cinco minutos que no estaba contigo. Sabes que siempre hemos sido una droga. Pero no, no deseo que tu piel anhele la mía, ni que tus labios se pasen el resto de sus días preguntándose dónde estoy. Diles que no quieres que me esperen, que no voy a volver.

Aunque parezca mentira, no quiero que tengas que sentir nada de lo que he dicho.
Ya lo siento yo por ti, cada segundo de cada día.



Y créeme, eso no te lo deseo ni a ti.